Pura Santa Catarina

Al este de la isla y de Florianópolis, el pueblo es favorito de los que buscan el tándem paz-comodidad. Su preciosa playa y otros balnearios vecinos y la propuesta de morros y verdes de Lagoa da Conceicao

P24 Barra da lagoa 1Escribe: Pepo Garay – Especial para El Diario

La Isla de Santa Catarina, perteneciente al estado homónimo, es un paraíso de casi 50 playas “oficiales” (si se cuentan las que no llevan el título de balneario hay que hablar de más de 100) que hipnotizan a viajeros de toda Sudamérica, en especial a los argentinos. En ese universo, uno puede encontrar desde grandes porciones de arena colonizadas por sombrillas y gente, hasta rincones tranquilos (sin que eso signifique ausencia de bañista). Más cerca de esta última vertiente que de la primera, aparece Barra da Lagoa. Una tranquila villa de pescadores que con el tiempo ha ido añadiendo comodidades para los turistas y ganando cantidad de alabanzas.

La aldea se ubica en el extremo este de la isla, a sólo 24 kilómetros de Florianópolis (en rigor pertenece a ese municipio, referente del sur brasileño) y a 1.900 de nuestra Villa María. Su propuesta es sencilla y suculenta: una hermosa playa acariciada por las aguas claras del Atlántico, que le lanza olas mansas y así la deja descansar en paz. Lo agradecen los visitantes, que llegan en plan familiar, de sosiegos, a disfrutar los espacios. No hay problema si molestan los chicos que juegan a la paleta: se corren las reposeras y ya (a ver si en Canasvieiras, al norte de Santa Catarina, pueden decir lo mismo).  

Así, los días se pasan con gran tranquilidad, rodeados de algunos barquitos de pescadores (aunque cada vez se ven menos, de acuerdo a los locales) y una línea de comercios, amenas posadas y restaurantes económicos a las espaldas. Allí, vale la pena saborear los camarones frescos y el pescado frito acompañado de arroz y feijao (porotos negros), después del catolicismo, el fútbol y el Carnaval, la verdadera religión en el “País Tropical”.

Florianópolis/SC - 04/12/2013 - Praia da Barra da Lagoa nesta quarta-feira. Pessoas aproveitam o dia de sol para surfar e tomar banho na praia. Foto: Eduardo Valente/AGP

Alrededores profusos en bellezas

Siguiendo las recomendaciones de los paisanos (unos cinco mil cuenta el padrón), conviene hacerse una escapada a las playas cercanas. La primera opción es la de Mozambique, que con sus 15 kilómetros es la más extensa de la isla. Pegada a Barra, presenta pintas salvajes, de caminatas eternas, ajenas al ruido y a la civilización. El sueño de los que buscan andar por horas y horas sin la más mínima interrupción, los pies besados por el océano.

Con rumbo sur, las que levantan la mano son Praia da Galetha (en términos de paz, está a medio camino entre Barra y Mozambique) y Mole. Esta última es famosa por su grandes y potentes olas, que convocan a los amantes del surf, entre ellos muchos profesionales (así de buenas son las “ondas”, al decir de los brasileños). Otra opción muy recomendada es hacer la excursión que lleva a la Ilha do Campeche y sus aguas turquesas, ideales para el buceo.

También se hace snorkel en la Lagoa da Conceicao, una preciosa laguna rodeada de morros verdísimos, estacionada a las espaldas de Barra (ahí se explica el nombre del pueblo). Al espejo de agua da para llegar caminando, siguiendo las llamadas “trilhas” (senderos) entre cerros radiantes de vegetación (otra vez el sabor de lo tropical). Una vez allí, habrá que disfrutar la onda mochilera y relajada, los paseos en kayak, el tour por los barcitos y la deliciosa atmósfera que regala el sector oriental de la isla.

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