Relámpagos y centellas, Batman

Por el Peregrino Impertinente

Aunque parece, “relámpagos del Catacumbo” no es el nombre de un equipo de béisbol de República Dominicana, cuyos miembros venderían a cada uno de sus siete hijos con tal de jugar en los Yankees de Nueva York o en los Berenjeneros de Culiaqueteculiacán. Más bien, el término hace referencia a un fenómeno natural que se da en el occidente de Venezuela, donde mucha gente definitivamente entregaría a cada uno de sus siete hijos con tal de jugar en los Yankees de Nueva York o en los Bolivarianos de Chichitaderquiaga.

Pero mejor pasar a explicar un poco: el prodigio consiste en una secuencia de relámpagos que en ciertas ocasiones caen de manera casi continua y durante horas sobre la cuenca del río Catacumbo, al sur del gigantesco lago Maracaibo. Un asombroso show que sólo se ve de noche, como la luz mala o el pata de lana, en Venezuela a su vez llamado como “Mira el hijo ‘e´ la gran vaina, también se llevó mi CD de Don Omar”.

La lluvia de luces puede durar toda la noche, con hasta 60 descargas por minuto. “La culpa de este sinsentido de la naturaleza la tiene Maduro”, acusan los analistas políticos y los meteorólogos. Como respuesta, el siempre desafiante presidente ya dejó bien en claro que “de ninguna manera” va a prohibir los relámpagos.

Acaso, al viajero le resulte de utilidad saber el porqué del centelleante espectáculo. Aquí vale la pena destacar la teoría de los nativos wari, quienes a contramano de los científicos aseguran que la concentración de relámpagos se debe a la reunión de millones de luciérnagas que así rinden homenaje a los dioses. “Puras supersticiones: todos sabemos que las luciérnagas son ateas, mi gente bella”, dijo Catherine Fulop.

Print Friendly, PDF & Email